“¡Yo soy… un Revolucionario!”

Diciembre 1969: El asesinato de Fred Hampton por el FBI

4 de diciembre de 1969 — hace 40 años esta semana: Al mando del fiscal del condado de Cook, Edward Hanrahan, y como parte de una operación del Programa de Contrainteligencia del FBI (COINTELPRO por las siglas en inglés), unos policías de Chicago irrumpieron en el apartamento de Fred Hampton, el presidente de la rama del Partido Pantera Negra de Illinois. Armados de escopetas, revólveres y una ametralladora calibre .45, y con un plano del apartamento facilitado por un soplón, los policías mataron a Mark Clark e hirieron gravemente a otros cuatro Panteras.


A balazos abrieron paso por el apartamento y entraron a la habitación de Fred Hampton. Estaba dormido, drogado anteriormente esa noche por un soplón del FBI. Los policías, parados alrededor de Hampton mientras yacía en la cama, le pegaron a quemarropa dos balas en el cerebro. Después de este asesino asalto —en que los policías dispararon casi 100 balas en la casa sin ningún herido por su parte—, Hanrahan mintió descaradamente de que la policía estaba bajo un intenso fuego de los Panteras.

Los policías, parados alrededor de Fred Hampton mientras yacía en la cama, le pegaron a quemarropa dos balas en el cerebro. Arriba, la cama de Fred Hampton después de su asesinato.

Entre los miles y miles de incidentes que demuestran por qué el Partido Pantera Negra tildó correctamente de “puercos” a los policías, hay muy pocos que tengan el nivel de salvajismo y mentiras que el del asesinato de Fred Hampton.

Los medios participaron y difundieron esas mentiras de las autoridades como si fueran la verdad y nada más que la verdad. Pero los Panteras en Chicago —aún conmocionados y de luto por la terrible pérdida de su líder principal y con muchos de sus miembros claves en la cárcel— se negaron a rendirse. Al contrario, acudieron al pueblo y montaron una desafiante contraofensiva política. Los Panteras organizaron “giras populares” por el apartamento. Miles asistieron, primero de los ghettos y luego de otros lugares. Invitaron a equipos de filmación y a periodistas. La gente lo vio con sus propios ojos. Y de la evidencia no hubo duda alguna: todos los agujeros de las balas mostraron que éstas entraron desde afuera. Resulta que la famosa foto proporcionada por las autoridades e impresa en el Chicago Tribune en aquel momento, una foto de una puerta supuestamente acribillada de balas provenientes de los Panteras, era una puerta con agujeros de clavos.

Hasta los comentaristas establecidos se sintieron obligados a hablar de ello. Hanrahan había dicho que era solamente por “la gracia de Dios” que sus hombres salieron casi ilesos con sólo unos rasguños. Mike Royko, entonces columnista del Chicago Daily News —y para nada un partidario de los Panteras— reaccionó así: “De hecho sí parece que ocurrieron milagros. Debía ser que las balas de los Panteras se disolvieron en el aire antes de tocarle a nadie ni nada. O ocurrió eso o los Panteras estaban disparando en la dirección equivocada — a saber, a sí mismos” (citado en The Assassination of Fred Hampton: How the FBI and the Chicago Police Murdered a Black Panther [El asesinato de Fred Hampton: Cómo el FBI y la policía de Chicago asesinaron a un Pantera Negra], p. 102, de Jeffrey Haas, Lawrence Hill Books).

Las “giras populares” que organizaron los Panteras en el apartamento de Fred Hampton. Miles de personas acudieron desde los ghettos y de más allá; fueron invitados equipos de filmación y reporteros.

Fred Hampton, de 21 años, era un líder de los Panteras que inspiró a toda clase de gente a unirse con la revolución. Como dice Bob Avakian en su autobiografía, “Fred Hampton influenció a muchas personas por todo el país y por eso éstas dieron un salto en su dedicación revolucionaria — la manera en que, antes de que lo mataran, dijo audazmente: ‘Puedes matar a un revolucionario, pero no puedes matar la revolución’” (From Ike to Mao and Beyond: My Journey from Mainstream America to Revolutionary Communist, Insight Press).

En el año desde la formación de la rama del Partido Pantera Negra de Illinois hasta el asesinato de Fred Hampton, se dio una transformación en la cultura de la sociedad en Chicago. A partir de las enseñanzas de Mao Tsetung, el líder de la revolución china, surgieron un espíritu, una moral y una cultura de “servir al pueblo” que nunca antes se había visto en Chicago. Los Panteras establecieron clínicas médicas gratis en los barrios de los oprimidos donde antes prácticamente no existían servicios médicos. Se vendía el periódico Black Panther por todas partes. Utilizaron afiches del periódico para clases de educación política en las comunidades y las universidades. Ex pandilleros y estudiantes intelectuales se volvieron revolucionarios. Esta cultura se generalizaba tanto en Chicago que los conductores del metro solían decir “Todo el poder al pueblo” al anunciar las estaciones donde los revolucionarios se bajaban.

El asesinato de Hampton fue parte de una amplia campaña para aplastar al Partido Pantera Negra y al floreciente movimiento revolucionario que surgió en los años 1960. En septiembre de 1968, J. Edgar Hoover, el director de triste fama del FBI, calificó a los Panteras de “la amenaza más grande a la seguridad interna del país”, y para 1969 los Panteras fueron el blanco número uno de las operaciones COINTELPRO del FBI, las cuales contaron con 233 diferentes operaciones documentadas desde asesinatos al estilo Fred Hampton y Mark Clark hasta intentos de oponer las pandillas callejeras a los Panteras, esfuerzos para crear divisiones dentro del PPN y levantar cargos falsos en contra de los Panteras. Hoover proponía el objetivo específico de evitar que surgiera lo que llamó “un mesías negro” — es decir, se dedicó a eliminar a los líderes y a los líderes en potencia de las masas. O el gobierno asesinó directamente a revolucionarios como Malcolm X, George Jackson, Bunchy Carter y John Huggins en Los Ángeles, y Fred Hampton, o les tendió trampas en que fueron asesinados. Esos fueron actos criminales contrarrevolucionarios — el gobierno estadounidense no sólo asesinó a inocentes sino que retrasó gravemente la capacidad de las masas de levantar la cabeza y liberarse.

Las masas hicieron cola a lo largo de varias cuadras para entrar a la funeraria en conmemoración de Fred Hampton.

Fred Hampton hizo florecer las mejores cualidades a todos los sectores del pueblo, inspirándolos con una visión revolucionaria e instándolos a que se pusieran a la altura de ser revolucionarios. Y muchos miles respondieron. Su famosa consigna “Yo soy… un revolucionario” fue motivo de transformación porque las personas la asumieron, y al hacerlo pensaban seriamente a qué estaban dedicando la vida.

El liderazgo es crítico para hacer la revolución. Aunque le arrebataron al pueblo los líderes revolucionarios como Fred Hampton, y otros líderes claudicaron ante el capitalismo y abandonaron la revolución, todavía vive el espíritu de dedicar la vida a hacer la revolución y a hacer todo lo que se pueda para acelerar la llegada del día en que la revolución se pueda hacer — y sobre todo este espíritu vive en el liderazgo que hoy da Bob Avakian, el presidente del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, quien trabajó y luchó en íntima colaboración con el Partido Pantera Negra cuando éste era la fuerza revolucionaria más avanzada en Estados Unidos. Existen posibilidades mucho mayores de hacer la revolución, aquí mismo en las entrañas de la bestia del imperialismo yanqui así como alrededor del mundo, debido a la dirección de Bob Avakian y del PCR, Estados Unidos.

La humanidad aún clama por la revolución a la cual Fred Hampton dedicó la vida. Como dice la Constitución del PCR: “La emancipación de toda la humanidad: esa, y nada menos, es nuestra meta. No existe ninguna causa mayor, ningún objetivo mayor a que dedicarnos la vida”.

Fuente
*Colaboración de un lector. Gracias !!

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