La masacre de Ballymurphy no se olvida

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Briege Voyle y Alice Harper

«No buscamos que se encarcele a los culpables, sólo queremos la verdad»

Briege Voyle y Alice Harper son hijas de Joan Connolly y Danny Teggart, dos de los once fallecidos por disparos de soldados del Ejército británico en Ballymurphy, una masacre ocurrida entre el 9 y el 11 de agosto de 1971. Treinta nueve años después, sus familiares siguen luchando por el esclarecimiento de los hechos y por limpiar la memoria de las víctimas.


Seis meses antes de los sucesos de conocidos como Domingo Sangriento, en Derry, el mismo cuerpo de élite del Ejército británico provocaba otra masacre en Belfast. Durante tres días el oeste de la ciudad fue tomado por los soldados en el marco de la llamada «Operación Demetrius», cuyo objetivo era encarcelar sin juicio (interment) a todos aquellos sospechosos de colaborar con el IRA.

¿En qué circunstancias históricas ocurrió la masacre?

Briege Voyle: Para cuando empezaron a aplicar el interment, que sólo afectó a la comunidad nacionalista, ya llevábamos dos años de enfrentamientos. El primer lealista no fue detenido hasta 1972. El Gobierno introducía medidas extraordinarias cada cierto tiempo para tratar de combatir al IRA cuando creía que se estaba haciendo fuerte, pero en realidad la actuación del Ejército fue un revulsivo para el IRA. Las acciones indiscriminadas de los soldados sólo sirvieron para que la gente apoyara al IRA, ya que no entendía el porqué de lo que ocurría.

¿Qué recuerdan de entonces?

B.V.: Las tropas llegaron la mañana del día en el que interment fue instaurado y se dedicaron a asaltar casas y detener a hombres y adolescentes. Las mujeres salieron a protestar y niños de no más de 14 años les recibieron con piedras y barricadas. Yo tenía 14 años. Mi madre vino a buscarnos a mí y a mi hermana, que estábamos viendo con dos amigas lo que sucedía. Cuando el Ejército comenzó a disparar botes de humo me fui hacia la zona donde parecía que algo estaba pasando. Mi madre se quedó buscándome y fue entonces cuando creemos que trató de a ayudar a un joven herido dando por supuesto que al ser mujer no le dispararían, y recibió un balazo en la cabeza. Al día siguiente me trasladaron a un campo de refugiados en la República de Irlanda con otros niños y allí donde me enteré de que mi madre había muerto.

¿Habían visto antes este tipo de operaciones militares?

Alice Harper: No, fue la primera vez que algo así ocurría. Esa misma mañana un sacerdote y yo estábamos en la calle y, alertados por el sonido de las tapas de los cubos de basura, vimos cómo los detenidos eran introducidos encadenados en los vehículos policiales. Era como ver una película de vaqueros. Durante todo el día hubo enfrentamientos con el Ejército y sobre las 20.30 de la tarde, cuando rezábamos el rosario junto a varios vecinos, se empezaron a escuchar disparos. Eso recuerdo de aquel día.

¿Qué hicieron después?

A.H.: La mañana del día 10 fui tres veces al cuartel del Ejército porque mi padre no había regresado a casa y era la primera vez que hacía algo así. El Ejército negaba que estuviera allí y hasta que me encontré con un vecino que vio cómo le dispararon el día anterior no me informaron de que había un cuerpo no identificado en la morgue, que resultó ser el de mi padre.

¿Cuál fue la reacción oficial?

A.H.: En ningún momento vino nadie a casa a decirnos por qué mi padre había muerto. Ningún familiar de los once fallecidos fue informado de nada. Hemos tenido que descubrir lo ocurrido por nuestros propios medios.

B.V.: El resultado de la investigación fue un veredicto inconcluso. Fueron las familias las que descubrieron lo que pasó, las que concluyeron que los muertos eran once, y eso fue en 1982. Nos dedicamos a tocar puertas buscando testigos, pedimos los documentos de la investigación oficial…, pero estábamos aterradas. A veces nos preguntan por qué hemos tardado tanto, pero la gente se tiene que dar cuenta de cuál era la situación entonces.

¿Hubo investigación?

A.H.: Sí, pero no hasta dos años después, y las conclusiones en ningún caso determinan las circunstancias de las muertes. El juez le dijo a mi madre que antes recibía 19 libras a la semana, porque mi padre tuvo un accidente y estaba de baja tras haber trabajado toda su vida, y ahora recibiría 24, y que no tendría que mantener a su marido. ¿Cómo se puede ser tan insensible para decir eso, como si mi padre no fuera un ser humano, como si no hubiera existido?

¿Y los atestados policiales?

B.V.: En los atestados policiales aparece que los muertos fueron consecuencia del enfrentamiento entre Ejército y francotiradores. Lo que más me enoja es que al referirse a los testigos oculares se indica que no los hubo, cuando 25 años después nosotras habíamos localizado a más de 125. Cuando nos entregaron los papeles de la investigación, en el caso de mi madre aparecían seis soldados que decían haberle dispa- rado, incluido uno que aseguró que ella estaba utilizando una ametralladora cuando él le disparó y otro que afirmó que mi madre portaba una pistola.

¿Han recibido las familias algún tipo de compensación?

A.H.: Hay de todo. Pese a que a todos se les acusó de ir armados y disparar contra el Ejército, algunos recibieron varios miles de libras, otros nada, como es mi caso.

¿Qué apoyos han recibido en su campaña por la verdad?

B.V.: Al principio temíamos acercarnos a pedir ayuda por miedo a que nos vieran como miembros de una campaña política, por eso hemos insistido en que las familias controlen la iniciativa. Pero nos dimos cuenta de que era imposible, de que necesitábamos el apoyo de los políticos para que se nos abrieran ciertas puertas, como ha ocurrido con los políticos de Sinn Féin, SDLP o del Gobierno irlandés. Incluso políticos unionistas, como Jefrey Donaldson, nos recibieron. Él nos sugirió que elaboráramos un informe y se comprometió a trasladarlo a su partido. Nosotros hemos contado nuestra historia a quien ha querido escucharnos, ahora necesitamos un informe con los hechos en el que apoyarnos, por eso hemos comisionado la elaboración de uno independiente.

¿Y tras el informe?

A.H.: Seguiremos con nuestra campaña. Necesitamos saber por qué los soldados salieron impunes. No buscamos un tribunal como el de Bloody Sunday, que ha costado millones; la verdad es gratuita, insistimos en eso, ya que Bloody Sunday no hubiera ocurrido si desde el inicio hubieran dicho la verdad de lo ocurrido en Ballymurphy. No buscamos que se encarcele a los soldados, sólo queremos la verdad. Tenemos derecho a conocerla.

B.V.: No tenemos mucha educación, pero no somos estúpidas, y sabemos que no vamos a lograr que nadie sea acusado por esos asesinatos. Buscamos una investigación internacional independiente, que no tenga relación con el Gobierno británico. Queremos que se reconozca la inocencia de nuestros familiares y se pida perdón. En ese orden para que se sepa lo que ocurrió. No tiene que costar millones ni tardar años, en Ballymurphy no hay una montaña de evidencias y cientos de testigos como en Derry.

¿Piensan abandonar la lucha?

B.V.: Cuando empecé en esta campaña dije que seguiría hasta que me muera, ahora tengo hijos y nietos, que colaboran en ella. Tenemos que continuar.

A.H.: Todavía hoy hacen lo mismo en sitios como Irak, y siguen sin pagar por ello. Hay que pararles o continuarán haciéndolo.
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«Queremos que se reconozca la inocencia de nuestros familiares y se pida perdón. En ese orden para que se sepa lo que ocurrió. No tiene que costar millones ni tardar años»

«Exigimos la verdad»

Cronología

9 agosto 1971

Un vecino recibió un disparo cuando intentaba sacar a unos niños de la zona de Springfield Park. Quienes trataron de ayudarle fueron rechazados por las balas del Ejército británico. El sacerdote Father Hugh Mullan intentó acercarse agitando un trapo blanco, pero al arrodillarse junto al herido le dispararon. Frank Quinn murió al acudir en ayudar del cura. Sus cuerpos permanecieron en el lugar donde cayeron hasta que otros vecinos pudieron acercarse a retirarlos y llevarlos a sus casas. Cerca de allí y al mismo tiempo, Noel Phillips, de 19 años, resultó herido, y Joan Connolly, madre de ocho hijos, recibió un disparo en la cabeza al acudir en su ayuda. Las balas del Ejército disuadieron a quienes trataron de socorrerles y Daniel Teggat murió tras recibir catorce disparos. Joseph Murphy fue herido en la pierna. Los soldados se acercaron al lugar y mataron a quemarropa a Phillips. Murphy falleció tres días después a raíz de los malos tratos recibidos en la base del Ejército y la falta de atención médica. Una desatención común a todos los casos.

10 agosto 1971

Eddie Doherty iba camino de su casa cuando una excavadora y un vehículo militar se disponían a retirar una barricada. Un soldado británico le disparó por la espalda desde la excavadora y murió a consecuencia de las heridas por no recibir asistencia.

11 agosto 1971

Esa mañana, John Lavery y Joseph Corr fueron alcanzados por las balas del Regimiento de Paracaidistas del Ejército británico. Según la versión de los militares, ambos dispararon contra los soldados, aunque ninguno de ellos se encontraba armado y todas las pruebas forenses practicada demostraron que no era cierto que hubieran utilizado armas. Paddy McCarthy recibió un balazo en la mano cuando salía del centro comunitario en el que trabajaba repartiendo leche y pan en el barrio. Unas horas más tarde decidió continuar con el interrumpido reparto y en ese momento fue retenido por varios militares británicos que le dieron una paliza y le sometieron a un simulacro de ejecución con un arma descargada, lo que le provocó un infarto y la muerte. John McKerr se encontraba abriendo la capilla de Corpus Christi donde se iba a oficiar un funeral cuando un francotirador del Ejército le disparó.

Por Iñaki Irigoien.

Fuente
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