Breve semblanza de August Blanqui y de otros socialistas del siglo XIX

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Revolucionario y Socialista

Uno de los episodios más intenso de la revolución en el siglo XIX fue el protagonizado por Blanqui que tomó en las revoluciones de 1830, 1848, y que fue uno de los símbolos de la “Commune” y del primer socialismo democrático francés.

Louis Auguste Blanqui, líder revolucionario creador de la corriente que lleva su nombre (Puget-Théniers, 1805-París, 1881). En Blanqui el aspecto militante socialista sobresale netamente sobre el teórico. Sus pocos escritos son por lo general, redactados en la cárcel (su sobrenombre fue “El Encerrado”) que fue su «hogar» la mayor parte de su vida, conociendo numerosas prisiones, incluso en las colonias.


Hijo de un revolucionario que pasaría a servir con la Gironda, para acabar siendo subprefecto de Napoleón; y de una mujer de gran carácter, Blanqui es enviado desde su ciudad natal a París. Allí a los 16 años ingresa en una de las sociedades secretas de la época, en concreto en la de los carbonarios. Es muy joven todavía cuando entra en contacto con Buonarrotti (1), que le detalló la historia de la «conspiración de los iguales», y le marcó en su ulterior evolución política, en gran medida babeuvista, o sea seguidor de Babef. Cruzó indomable todo el siglo XIX, participando en las jornadas de julio del año 30, en la revolución del 48, así como, indirectamente, en la Comuna de París. Blanqui y el blanquismo, debe de comprenderse como una de las primeras manifestaciones de la lucha del proletariado francés, todavía muy disperso y sin cohesión ideológica, y como una toma de conciencia clara del carácter antirrevolucionario de la burguesía liberal.

Ya en 1829, Auguste participa en la sublevación del arrabal de Saint Antoine, uno de los centros de la vieja «sans culotterie». En julio de 1830 se encuentra de nuevo en la calle y se enfrenta desde el primer día contra la «Monarquía burguesa», resultando ser uno de los inculpados en el «proceso de los doce» revolucionarios. En 1836 constituye el grupo llamado «Sociedad de las Estaciones», hecha a imagen y semejanza de las sociedades radicales que se mueven en las «ultratumbas», tendencia ésta que se explica tanto por la represión como por el espíritu romántico de la época. Tres años después, junto con Barbés (2) -otro gran conspirador, aunque políticamente más moderado que Blanqui-, prepara una insurrección aislada y minoritaria que fracasa. Detenido, es condenado a perpetuidad.

Liberado por la revolución de febrero de 1848, su posición la explica así el historiador británico G. H. Cole:

En 1848, Blanqui estaba dispuesto a apoyar al Gobierno Provisional, metiéndole a la vez una presión constante de las sociedades de izquierda y de los obreros. Pero esto no quiere decir que ha renunciado a la idea de la revolución ulterior, sino que deseaba aguantar por el momento, seguía pensando hacerse dueño del Poder mediante un golpe de Estado organizado por una minoría de revolucionarios disciplinados, adiestrados en las armas y dispuestos a hacer uso de ellas. En las Sociedades sucesivas se negó a admitir a todos los recién llegados; pues aspiraba a crear, no un partido de masas, sino una élite revolucionaria relativamente pequeña, de hombres escogidos. Éstos, elegido el momento adecuado, cuando el descontento llegase a su punto, podrían asumir la dirección efectiva de los trabajadores, para seguir gracias a ellos ya otras organizaciones obreras por el verdadero camino revolucionario, y poco a poco, mediante una dictadura, poner los cimientos de una nueva sociedad (Historia del pensamiento socialista, 1t., fondo de cultura Económica).

La experiencia de viejo león, le lleva a no tener ninguna confianza en los discursos floridos de Lamartine, ni siquiera en los proyectos reformistas de Louis Blanc (3) en el palacio de Luxembourg. Adivina el golpismo de Cavaignac detrás de todo. Como escribe Abendroth: «¿No parecía en efecto, justificada la esperanza de Louis Blanc de llegar sin lucha de clases a una sociedad auténticamente democrática, en un compromiso pacífico con los demócratas burgueses y capitalistas industriales, representados en el Gobierno Provisional? ¿y no era Blanqui, que criticó esa concordia, un revoltoso amargado por su reclusión? Los obreros tuvieron que aprender con sus propias y amargas experiencias después de la revolución de febrero que Blanqui había comprendido sus intereses con más claridad que ellos mismos». En mayo del mismo año el Gobierno Provisional le condena a las mazmorras por diez años. En 1869, reaparece para animar -desde fuera- a sus seguidores en la Primera Internacional, y la lucha contra Napoleón III.

En el momento de la guerra franco-prusiana escribe un llamamiento con el título de «¡La Patria en peligro!», en el que preconiza un frente nacional interclasista, pero luego rectifica e intenta, otra vez sin éxito, una nueva insurrección junto con Gustave Flourens (4), que sería uno de los líderes de la Comuna. Ésta le coge en manos de los «versalleses», entonces los «communards» intentan canjearlo a cambio del obispo de París, pero el siniestro Thiers no cede. En 1879, sale de la cárcel al ser elegido diputado por los republicanos de Burdeos y vuelve a ser hasta su muerte el militante de hierro que siempre fue.

La obra escrita de Blanqui no es precisamente muy amplia, aunque al margen de ello, Blanqui consiguió aglutinar un importante grupo de seguidores que jugaron un destacado papel en la AIT, en la Comuna y en los primeros años del socialismo galo. Su ideario se puede sintetizar como sigue:

a. Se apoya en el proletariado, pero para él no hay distinción entre éste y el resto de los sectores populares;

b. El medio revolucionario que privilegia es el del partido de los revolucionarios, o sea, de la élite conspiradora que desconfía de las masas;

c. La revolución sólo la concibe a través de una insurrección perpetrada por el partido o sociedad, después propugna una dictadura que impondría entre otras cosas, la escuela laica y gratuita, cooperativas, una legislación socialista…

Para Blanqui, «el comunismo no puede implantarse por decreto», ni «cambia por sí mismo ni a los hombres ni a las cosas»; no sueña con ninguna utopía futura e indeterminada, el «comunismo, dice contra Cabet, no es un huevo empollado en un rincón del género humano, sino un pájaro con dos piernas, sin alas ni plumas». En 1879, salió de la cárcel y fue elegido diputado por Burdeos, a pesar de que legalmente no podía serlo. En la última etapa de su vida dirigió un diario de extrema izquierda, Ni Dieu ni maître, que luego sería un slogan anarquista. Fue el primero que consideró la idea del revolucionario como profesional, y contribuyó a formar el partido blanquista, que primero se llamó la «Comuna revolucionaria» y más tarde, «Comité Central Revolucionario» bajo la dirección de Émile Eudes (5). Luego, su discípulo más destacado, Eduard Vaillant construye el Partido Revolucionario Socialista que se integrará más tarde en la socialdemocracia francesa. sus ensayos sobre problemas teóricos fueron reunidos después de su muerte con el título de La crítica social. El artista A. Maillol le dedicó una de sus mejores esculturas, la Acción encadenada, emplazada en su ciudad natal.

Su biografía más exhaustiva es la que le dedicó Samuel Bernstein Blanqui y el blanquismo (Siglo XXI, Madrid, 1975), la más clásica es Blanqui, de Maurice Dommaguet, (Espartacus. París). Al margen de los diversos extractos, parece que no existe una sola edición de escritos de Blanqui en castellano.

Notas

1. Buonarroti, Phillippe-Michel, comunista italofrancés, era descendiente del inmortal Miguel Angel (Pisa, 1761-París, 1837).. Estudió Derecho en Pisa y Florencia, frecuentó las sociedades secretas y se entusiasmó por la revolución francesa, razón por la que tuvo que exiliarse de Córcega. Pasó luego a París, donde se dio a conocer como ferviente jacobino y brillante orador. Se naturalizó francés y desempeñó diversas misiones oficiales en Córcega, Lyon y en ejército en Italia. Fue detenido después de la caída de Robespierre (9 termidor), y en la cárcel, donde permaneció durante un año, conoció a Babeuf. Luego fue presidente del Club del Pâmteón (neojacobino), y colaboró con Babeuf en la conspiración de los Iguales. Fracasada ésta, fue condenado y deportado a Cherburgo y más tarde a la isla de Oleron; fue amnistiado por Napoleón, pero una vez en libertad, conspiró, contra el régimen bonapartista. Reapareció con la memoria de los hechos, publicando La conspiración de la Igualdad llamada de Babeuf (1828), obra que fue decisiva para la evolución del pensamiento comunista de aquella época. Italiano de nacimiento y por su primera formación cultural, participó activamente en la revolución y tras el fracaso de la conspiración fue hecho prisionero. Pasó varios años en la cárcel donde mantuvo viva la llama revolucionaria.

La conspiración se convirtió, en palabras de Cole, en el «manual» de los revolucionarios de los años treinta. Buonarrotti no se limitó a contar la historia -una historia por lo demás poco conocida hasta finales del siglo XIX-, sino que sistematizó coherentemente el pensamiento de Babeuf. El babouvismo sistematizado por Buonarrotti “puso de inmediata evidencia incluso para los espíritus más incultos, desde las páginas de La conspiración se difundió entre el pueblo, suscitó tropeles cada vez mayores de prosélitos, agudizó la exasperación de las masas, proporcionó mitos, fórmulas, programas para su ansiosa espera de una revolución social que diera, con el bienestar, dignidad a los hombres; año tras año se hizo batallador, marcó con su impronta las primeras organizaciones secretas revolucionarias que siguieron a la represión de 1834-1835, indujo a motines” (Galante Garrone). Su influencia fue determinante para Blanqui, algunos cartistas y para la Liga de los Justos.

2. Barbes, Armand, compañero de Blanqui diversas tentativas conspirativas contra Louis Philippe, de filiación demócrata radical y con un cierto componente socialista (Point-à-Pître, Guadalupe,1801-La Haya1870). Fue un luchador infatigable, alma de conspiraciones, clubes secretos y revoluciones o mejor dicho, insurrecciones como la del 12 de mayo de 1839, por la que fue condenado a muerte y liberado en el curso de los acontecimientos. El 15 de mayo de 1848 intentó constituir un gobierno revolucionario. Fundó en 1848 el Club de la Revolución y fue miembro del gobierno provisional mostrándose bastante más moderado que su amigo Blanc. Permaneció en prisión hasta que Napoleón III le indultó (1854) Como éste, pasó buena parte de su vida en la cárcel y murió en un destierro voluntario. Más que un hombre con ideas fue un militante revolucionario, capaz de trabajar en las condiciones más difíciles pero muy impetuoso lo que valió críticas muy duras por parte de los marxistas.

3. Blanc, Louis, historiador y político francés, socialista reformista, estimado como un «socialdemócrata» antes de tiempo, e ideólogo de un socialismo posibilista, moralizante y filantrópico que tuvo gran importancia en la época de la revolución de 1848. (Madrid, 1811-Cannes, 1882). Cuando Louis nació su padre ejercía en Madrid como diplomático al servicio del hermano de Napoleón, a la sazón rey de España. Gracias al esmero que puso su familia en su educación, Louis pudo estudiar en la Universidad y desde muy joven se convirtió en un periodista importante en la prensa liberal de entonces. Las ideas de Blanc están construidas sobre la base de un particular compendio ecléctico de los clásicos del socialismo francés, aportando su propia dimensión empirista y posibilista, no fue por lo tanto un espíritu creativo. Gozó de una gran capacidad literaria para explicar con claridad sus ideas. Su esquema político lo defendía así: «Una revolución social debe de ser intentada; primero: porque el orden social actual está lleno de iniquidades, de miserias y de ignorancias para poder subsistir largo tiempo; segundo: porque no hay nadie que no tenga un interés, cualquiera que sea su posición, su rango, su fortuna en la inauguración de un nuevo orden social; tercero: en fin porque esta revolución es tan necesaria, que es posible y hasta fácil de cumplirse pacíficamente».

Escribió varias obras que gozaron de gran influencia: Catecismo del socialismo –donde intenta contrarrestar el radicalismo de Blanqui–, La organización del trabajo (1839) y, sin duda la más notoria y conocida El socialismo, el derecho al trabajo (1848). En esta última obra, Blanc ve la solución en los talleres sociales, concebidos como cooperativas de producción, a las que el Estado, a través de un empréstito, suministrará el capital necesario y nombrará durante los primeros diez años los mandos. Pero para que esto sea enteramente posible, Blanc considera previo un período de transición en el que la educación haya modificado las ideas y las costumbres. Es un sistema de autogestión dentro del libre mercado, donde se avanzaría la «santa competencia», que se llevaría «sin brutalidad, sin sacudidas… de manera que se llegue al objetivo: la absorción sucesiva y pacífica de los talleres individuales por los talleres sociales. Así, en lugar de ser como ahora, que el gran capitalista es el dueño y el tirano del mercado, el Gobierno sería el regulador… En nuestro sistema el Estado se hará dueño de la industria poco a poco y en lugar de los monopolios tendremos… la derrota de la competencia: la asociación». Esta idea de los talleres nacionales fue aplicada a regañadientes y sobre un contexto no elegido por Blanc cuando en 1848 fue elevado junto con el obrero Albert a presidir la comisión obrera, que intentaría desde el interior del nuevo régimen democrático la primera experiencia de planificación económica y estatismo social… Utilizado como instrumento de contención más que de solución -imposible al menos en tan corto plazo-, la burguesía se desprendió de la comisión del Palais de Louxembourg nada más que se sintió de nuevo fuerte.

Las ideas de Blanc quedarán desde entonces estrechamente vinculadas a este fracaso, y lo situaran al margen de los nuevos movimientos sociales, teniéndole como un personaje prestigioso en los medios liberales de izquierda y obreristas moderados, pero sin sombra de la notable influencia que gozó hasta 1848. Evolucionará cada vez hacia una mayor moderación y con ocasión de la Comuna de París, Blanc no se movería de Versalles. También sobresalió como historiador, y escribió varios títulos importantes, como Historia de la revolución desde 1789, que más tarde complementará con otra llamada Más girondino –justificando su pronunciamiento reformista y moderado–, una Historia de diez años, 1830-1840 (1841), que fue elogiado por Engels porque contempla los hechos históricos como consecuencia de la lucha de clases. Más tarde escribió Diez años de la historia de Inglaterra, y sobre todo, Historia de la revolución de 1848. Un extracto amplio de La organización del trabajo se puede encontrar en Precursores del socialismo (Grijalbo, col. 70, Madrid, 1970). Un ensayo de Julián Besteiro sobre Blanc fue publicado por la Escuela Nueva en Madrid, en 1913.

4. Fiourens, Gustave, importante comunero francés (París, 1831-Chatou, 1871).. Era hijo de un profesor de Ciencias en el colegio de Francia y él mismo había enseñado allí. Destacó como revolucionario en la lucha contra Napoleón III, y había estado implicado en un atentado contra su vida. Al ser expulsado de Francia por sus ideas, marcho a Creta, donde participó en el levantamiento nacional contra los turcos (1866). Participó en el levantamiento abortado de 1870 y por ello fue condenado a muerte. Fue sacado de prisión en enero de 1871, gracias a una multitud dirigida por los blanquista. Sobresalió por su valentía en la defensa de la Comuna, cayendo en los primeros días de la misma.

5. Eudes, Émile, militante blanquista (1844-1888). Coautor con Blanqui de la obra Ni Dios ni Señor y que destacó como un importante librepensador. Tomó parte en la Comuna de París, destacando como uno de sus generales improvisados. Escapó de la represión y se trasladó primero a Suiza, y más tarde a Londres donde llegó a ser jefe del grupo blanquista organizando el Comité Central revolucionario. Trabajó conjuntamente con August Vaillant con el que dirigió L’ homme libre. Al regresar a Francia con la amnistía, volvió a ejercer como uno de los principales dirigentes blanquistas hasta su fallecimiento.

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez.

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