La aguda mirada crítica de un periodista crítico

Reseña del libro «El periodismo es noticia», de Pascual Serrano

Componen “El periodista es noticia” una introducción y ocho capítulos, algunos de ellos publicados en revistas especializadas como Utopías o Éxodo y otros que han servido como material para conferencias del autor, un periodista e intelectual comprometido de amplio currículum que lleva, como se señala en la solapa del volumen, unos veinte años trabajando en la búsqueda, sin término pero con éxitos, de otro periodismo. Estos son los temas desarrollados en el ensayo: “La crisis en los medios, los medios en crisis”, “Política y periodismo”, “Los observatorios de medios, ocho años después”, “La red, ¿libres o enredados?”, “Movimientos sociales y medios alternativos”, “El periodista, la objetividad y el compromiso”, “Medios públicos y privados, rompiendo tópicos” y “Una luz de esperanza. El nuevo modelo de información para el ALBA”.


El autor de Desinformación explica en la introducción algunas de las finalidades centrales de su nuevo trabajo. “Este libro pretende ser un alto en el camino, ese momento en que el viajero para a beber agua, se sienta en la senda y comienza a pensar lo que ha dejado atrás, hacia dónde va, por qué se dirige allí y si de verdad quiere ir en esa dirección” (p. 7). De no obrar así de forma regular, advierte razonablemente, caminaremos por senderos diseñados previamente por otros.

La mayoría de los asuntos que se abordan en el libro, sostiene Pascual Serrano, han podido afectar seguramente a la gran mayoría de los lectores. Sin embargo la mayoría de nosotros no nos hemos parado a analizarlos ni siquiera, en algunos casos, los hemos vislumbrado. El que fuera asesor editorial del canal internacional Telesur pretende “obligarnos a parar un instante y pensar sobre diversas cuestiones relacionadas con los medios de comunicación pero que, casualmente, no suelen ser abordadas por esos mismos medios” (p. 7).

Vemos sucintamente algunas cuestiones sobre las que el autor nos sugiere detenernos un instante y meditar sobre ellas.

El primer capítulo está dedicado a la crisis, la crisis en los medios y los medios en crisis. De lo primero basta recordar que los medios manejan “la información financiera en estrecha relación con las empresas de rating, las entidades que se dedican a poner notas sobre el riesgo de impagos a empresas, instituciones financieras, gobiernos y administraciones públicas” (p. 11). Grecia, Portugal y España son ejemplos recientes de ello. Paradoja, ocultada o semioculta, apuntada por el autor: son los propios calificados quienes pagan a los calificadores cuantiosas sumas por esa calificación. Veracidad de las informaciones: nula o negativa; característica básica de lo publicado: sesgadas (des)informaciones al servicio de intereses no explicitados.

Para el autor, gran parte de la crisis económica de los medios se debe a la pérdida del favor de público. Las diversas componentes de esa crisis son la crisis de mediación, la crisis de credibilidad, de objetividad, de autoridad, de información y de distribución. Lejos de ser un gran problema, en su opinión, la situación abre grades expectativas de “regeneración en el modelo comunicacional que la ciudadanía y los colectivos sociales deben aprovechar” (p. 25). Por ejemplo, “la crisis de objetividad ha dejado en evidencia que detrás de muchos medios se escondía más un proyecto ideológico y político que el interés de informar a los ciudadanos”. De este modo, la crisis de credibilidad, autoridad y mediación, deben (o deberían) generar, sugiere Pascual Serrano, una disminución de la arrogancia y prepotencia de unos medios que operan a espaldas de la ciudadanía y desprecian sus iniciativas de participar en la comunicación.
El segundo capítulo –“Política y periodismo”- se abre señalando una finalidad reconocida–“Una de las funciones del periodismo era acercar la vida política a la ciudadanía” (p. 27)- y denunciando una situación de hecho: “entre las desviaciones del sistema comunicacional dominante se encuentra la de haber pervertido esa función”. Como el autor señala, la vinculación entre periodismo, medios y política institucional puede ser tan perversa como para que “las acciones en Bolsa de un grupo empresarial de comunicación puedan subir o bajar en función de unos resultados electorales” (p. 36). Los “mercados”, el oráculo infalible de la postmodernidad, hablan con gritos y apuestas. Serrano nos ofrece como ejemplo lo sucedido en Argentina tras el resultado adverso del oficialismo en las elecciones de 2009.

El tercer capítulo analiza la situación de los observatorios de los medios ocho años después de su formación, una propuesta de Ignacio Ramonet en 2002. Una breve historia de estos Observatorios puede verse en las páginas 46-48. En opinión del autor, los Observatorios deben prestar atención a las siguientes aristas: selección de temas, protagonistas de las noticias, ubicación de la noticia, lenguaje, infografía, técnicas y estrategias audiovisuales, elección de analistas y fuentes de documentación, dobles raseros, observar estrategias discursivas ilícitas, falsedades y métodos tramposos de participación. Pascual Serrano avanza en las páginas 51-53 algunas propuestas de mejora en la intervención de estos Observatorios. Entre ellas, “necesidad de que las conclusiones de los estudios de los observatorios incluyan recomendaciones y propuestas que sean legalmente vinculantes para los medios de comunicación” (p. 52).

El cuarto capítulo del volumen es una aproximación a la red. Una observación política central destaca en el análisis del autor: “La red ha provocado una eclosión de propuestas de falsa participación que están convirtiéndose en un impresionante sistema de distracción de la movilización, incluso jugando un papel reaccionario al hacer creer a gran parte de la ciudadanía que forma parte de una sociedad organizada y movilizada cuando sólo son individuos con una taza de café escribiendo en un teclado” (p. 63).

“Movimientos sociales y medios alternativos”, el siguiente capítulo, junto con “El periodista, la objetividad y el compromiso” son, en mi opinión, dos de los mejores momentos de El periodismo es noticia. Sin poder detenerme con detalle, Serrano señala algo tan básico y obvio como lo siguiente: el hecho de que los movimientos sociales y los medios alternativos tengan hoy un mayor protagonismo tiene su causa en que ambos elementos son “la manifestación de una pulsión social que pide participación ciudadana y más protagonismo” (p. 73) en un modelo social que tiene como condición sine quan non para su existencia y permanencia, no meramente coyuntural, la marginación cívica de sus poblaciones, sobre todas en sus sectores más desposeídos.

La consistencia entre objetividad y compromiso es defendida por el autor enérgica y razonablemente con numerosos ejemplos. La verdad sigue estando en el puesto de mando de las reivindicaciones del periodismo crítico pero tal finalidad no anula el compromiso con los oprimidos, con los desfavorecidos. De hecho, mirado de frente y sin prejuicio académico insustantivo, este compromiso poliético es condición necesaria para alcanzar esa irrenunciable finalidad gnoseológica a la que ningún periodista comprometido puede y debe renunciar.
Romper los tópicos sobre medios públicos y privados y narrar la luz de esperanza que representa el nuevo modelo de información para el ALBA son las temáticas de los dos últimos capítulos del ensayo de este periodista crítico que sabe que el periodismo sigue siendo noticia y que fue capaz de fundar, cuando apenas había abono y condiciones para ello, la publicación electrónica rebelion.org. Las palabras con las que cierra su libro merecen ser citadas: “Lo que es indiscutible es que hoy, en América Latina, y especialmente en los países del ALBA, se está construyendo el futuro de otro sistema de medios de comunicación posible. Allí está el futuro que está convirtiéndonos a los europeos en meros restos del pasado” (p. 142).

En síntesis: un libro bien escrito, informado, oportuno, magníficamente argumentado, que señala senderos y aporta sugerencias y ayuda a los lectores a no dejarse llevar “por la inercia de quien avanza a fuerza de empujones sin saber hacia dónde”.

Por Salvador López Arnal.

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