Occidente trata de atraerse a Siria para aislar a Irán

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Divide et impera

Occidente parece haber cambiado el palo por la zanahoria en sus relaciones con Siria, que celebra hoy el décimo aniversario de la llegada al poder de Bachar al-Assad. Tras años de presiones, los últimos tiempos han registrado un proceso de deshielo en las relaciones de las principales cancillerías occidentales respecto a Damasco. Todo ello se enmarca en un intento de privar a Irán de uno de sus principales aliados, pero el resultado de esta estrategia no está claro.


El propio Bachar al-Assad, que tal día como hoy accedió al poder sustituyendo a su ya desaparecido padre y líder de la Siria moderna, Hafez al-Assad, ha protagonizado movimientos como las concesiones sobre la cuestión de Líbano -que formaría parte de la histórica Gran Siria-, lo que incluyó la retirada de sus tropas tras tres decenios de padrinazgo militar al calor de la larga guerra civil que asoló al país de los cedros.

Ello le ha permitido asomar en la escena internacional, como quedó patente cuando fue recibido oficialmente en 2008 por Nicolas Sarkozy, presidente de la antigua metrópoli.

Asimismo, las tensas relaciones con EEUU conocieron un incipiente inicio de deshielo con la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama en 2009.

Ello no impidió que el presidente estadounidense renovara las sanciones que sufre Siria desde 2004, al mantener la acusación de que Damasco apoyaría a organizaciones «terroristas». El nuevo embajador que Obama nombró para Damasco, Robert Ford, sigue en Washington porque la oposición republicana mantiene bloqueada su confirmación oficial.

Paul Salem, analista del centro Carnnegie sobre Oriente Medio, insiste en que «persiste la desconfianza» occidental respecto a Siria por sus lazos estrechos con Irán y sus relaciones con los movimientos de resistencia libanés (Hizbulah) y palestino (Hamas).

Líbano sigue siendo uno de los caballos de esta batalla diplomática. El país de los cedros da profundidad regional a Siria, que mantiene una influencia importante en el país.

Ello no ha sido óbice para que Al-Assad haya recibido dos veces al primer ministro libanés, el prooccidental Saad Hariri, que acusó en su día a Damasco de ordenar la muerte de su padre y ex primer ministro, Rafic Hariri, en marzo de 2005.

Al-Assad mantiene así difíciles equilibrios entre las pretensiones de unos y sus posiciones históricas.

Ante un ataque a Irán

Y los rumores de una agresión militar (de EEUU o Israel) contra Irán suscitan dudas sobre cuál sería la reacción de Damasco.

En el marco de esa presión, fuentes de inteligencia estadounidenses e israelíes han filtrado que Irán habría instalado en suelo sirio un radar para detectar un eventual ataque. En la lógica bélica de Washington o de Tel Aviv, Siria sería así uno de los primeros objetivos militares.

La Siria de Bachar al-Assad, que en mayo de 2008 hizo un gesto participando en conversaciones indirectas con Israel -con la mediación turca- sobre la devolución de los Altos del Golán, no ha ocultado en los últimos tiempos su decepción por las gestiones estadounidenses en el marco de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos.

Derechos humanos

Human Rights Watch ha denunciado el incumplimiento por al-Assad de sus promesas de libertad. Asegura que las cárceles sirias están repletas de políticos opositores, defensores de los derechos humanos y militantes kurdos.

Riesgos de fractura tras la liberalización económica

Líder del Baath (partido socialista panárabe) sirio, Al-Assad sí ha cumplido en buena parte con sus promesas de liberalización del sector financiero y de transición hacia una economía de mercado, pero con el coste de incrementar las desigualdades. A ello han contribuido la crisis global y la gravísima sequía que asola al país.

Con una tasa oficial del 20% de paro y con 5,3 millones de pobres, la reducción de las subvenciones oficiales a los carburantes y a los alimentos ha erosionado aún más la situación de los sectores más desfavorecidos. Paralelamente, sectores como la salud y la enseñanza han sido progresivamente privatizados.

La sequía ha acentuado el éxodo rural y ha forzado al gobierno a tomar medidas de urgencia, como la distribución de ayuda alimentaria.

El Gobierno busca un crédito de 500 millones de dólares para poder amentar en un 10% los salarios de sus 1,4 millones de empleados públicos. Paul Salem advierte de que «si los problemas sociales y económicos no son resueltos, la situación se envenenará».

El gobernador del Banco Central de Siria, Adib Mayale, asegura a la agencia France Presse que «hacemos grandes esfuerzos para avanzar en el camino de las reformas, pero hay que cambiar algunas mentalidades», en referencia a lo que llama burocracia.

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