Ridículo en Estrasburgo

Los europarlamentarios cazados con el culo al aire

El Parlamento Europeo decidió mantener las sesiones previstas para esta semana, aunque, dadas las dificultades que muchos diputados europeos podrían tener para desplazarse a Estrasburgo, acordó eliminar la jornada del jueves y limitarse a debatir sin someter nada a votación. Ya el lunes se vio que apenas 200 de los 736 miembros de la Cámara acudirían a su puesto de trabajo. El quórum está fijado en 245 (dos tercios), con lo que la decisión de suspender las votaciones era una obviedad, una pose.


En todo caso, si los parlamentarios europeos trabajaran de lunes a viernes (como la mayoría de los europeos) y no de lunes por la tarde a jueves, como suelen (los más aplicados), la mayoría habría quedado «atrapada» en Bruselas, en lugar de en sus respectivos estados, con lo que podrían haber acudido a trabajar sin mayor problema. Lo que, a su vez, significa que, o bien la mayoría viajó a su país el mismo jueves (algo habitual) o muchos han aprovechado la excusa del volcán para tomarse una semanita extra de vacaciones. Si su «casa» fuera Bruselas, podrían haber tomado el tren a Estrasburgo (cinco horas) o el autobús especial fletado por la propia Cámara Europea en un intento de última hora por llegar al quórum.

Ese pleno se celebró ayer, con una presencia de diputados mínima, ridícula. Y reflejó, básicamente, dos cosas, ambas obvias. La primera, que la Unión Europea tampoco tiene una política aérea común. Como afirmó el propio Durao Barroso ayer en Estrasburgo, «si hay un ámbito en el que hay competencias nacionales es el del tráfico europeo, donde la decisión la toman los reguladores nacionales». Así que la UE ni cerró los cielos ni puede abrirlos (la Comisión Europea no controla el tráfico aéreo y los ministros de Transporte europeos han tardado cuatro días en reunirse). Lo hicieron los estados, que, además, han demostrado, una vez más, una enorme descoordinación (y eso que, al menos, tienen una agencia intergubernamental para ello, Eurocontrol).

La segunda es que a nadie le importa lo que dice o hace la Comisión. Barroso presentó ayer su programa de trabajo para 2010 y accedió a hacerlo (en lugar de aplazarlo) sabiendo que la Cámara estaría prácticamente vacía. Pobre Europa.

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