Bilderberg, el Olimpo de los depredadores

La localidad barcelonesa de Sitges se prepara para acoger a los miembros del selecto Club Bilderberg entre el 3 y el 6 de junio.

El club está formado por un centenar de los más influyentes políti­cos, ban­queros y empresarios del mundo. Clinton, Blair y Obama fueron convocados a la cumbre poco antes de presidir sus países. El club ya se reunió en Es­paña en 1989. El entonces presidente Fe­lipe González recibió a los denominados “su­mos pontífices del capita­lismo” en La Toja (Ponteve­dra). En aquella ocasión, asistieron políti­cos como Boyer, y el ex secretario general de la OTAN Lord Carrington, Kissinger o Roc­kefeller.


Entre los españoles habituales, destacan la reina Sofía y la presi­denta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Los elegidos: Bancos, empresas, políticos y medios de comunica­ción. Esta alianza ha hecho que coincidan directivos de France Tele­com, Coca-Cola, Warner, Bundesbank, Microsoft y Banco San­tander con líderes políticos como Bill Clinton, Gordon Brown o Tony Blair. La lista de invitados suele incluir directivos de medios influyentes como The New York Ti­mes, Le Figaro o Die Zeit. Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa, es otro de los habituales. Sin embargo, evitan informar sobre el encuentro. Hasta aquí la noticia (resumida) del “Pú­blico”…

A medida que voy cumpliendo años más odio a los ricos, a los po­de­rosos y a los que su única preocupación en la vida es ser rico o pode­roso. Más difícil es que entre un rico en el cielo que un camello pase por el ojo de una aguja… reza uno de los pasajes evangélicos que ig­noran precisamente ricos y poderosos. Yo detesto la religión también. Pero la conozco, y conozco lo suficiente el cristianismo como para sa­ber que lo que menos les importa a los cristianos es esta advertencia evangélica. Seguro es que no creen en ese reino de los cielos, sino en el suyo… Pero también sé que los que braman contra el aborto son precisa­mente los que lo practican, lo mismo que los que en el seno de la Iglesia disculpan la pederastia son los que practican o practi­caron la pede­rastia o la encu­bren o la encubrieron, y también que los que impiden la independencia personal y territorial de los que las aman son los que ven peligrar su riqueza o su poder ante las gen­tes que piensan por su cuenta. Desde luego la católica, lo mismo que la judía y la protestante, está plagada de ri­cos. Todos prácticamente oc­cidentales, y todos in­fluyendo en los vaivenes y en el destino final del mundo y de todas sus sociedades, occidentales u orientales.

Yo odio a los ricos. De hecho he ido rompiendo mis relaciones con casi todos los compañeros de colegio y universidades por esa razón. Todos son ricos y ejercen como tales. A duras penas conservo el contacto con un par de ellos que viven y piensan como si no lo fueran. Porque entre los reparos que oponemos quienes no somos ricos a la riqueza, el de la os­tentación es el más repulsivo tras la constatación de que la propiedad privada es por sí misma siempre un robo.

Pues si yo los odio, ¿cuánto no les odiarán quienes han perdido lo poco que poseían y han perdido a sus se­res queridos en torturas, en persecucio­nes, en masacres o en invasiones? ¿cuánto no les odiará Al Qaeda, esa organi­zación fantasmal antiimperialista que no tiene armas nucleares ni misiles?

Pues bien, sabiendo cuándo y dónde se reúnen estos cien perso­najes mundiales de la economía ca­pitalista y la política neoliberal a su servicio, ¿cómo es que nunca hasta ahora esa famosa organización no ha hecho volar por los ai­res alguno de los recintos en los que a lo largo de los años se van reuniendo ese cente­nar de fanto­ches? Si fuera tan monstruosa Al Qaeda como nos la definen los ca­pitalistas, no dudemos que esos cien de Bildeberg hace mucho hubie­ran volado por los aires. La prueba de que Al Qaeda no es lo que propa­la la pro­paganda yanqui y anglosa­jona es que ni siquiera lo ha intentado nunca.

En el Club Bilderberg se dan cita los hombres y mujeres que, con el res­paldo de políticos, ejércitos y policías man­tienen en el mundo las condiciones abominables en el reparto de la ri­queza im­puestas por el capitalismo y ahora por el neo­liberalismo. Y de alguna manera el Club Bilderberg es el símbolo de la prepotencia, del ava­sallamiento y del crimen organizado de los Estados, y el prin­cipal destinatario de todo el odio que acumula a lo largo de los siglos la comparsería del mundo que es casi toda la humanidad.

Por Jaime Richart.

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