‘Mandato’, de Ezra Pound (1895 – 1972)

Ezra Pound

La primera vez que escuché el nombre de Ezra Pound creí que se trataba de una mujer; y no una mujer cualquiera, sino una mujer fascista. En seguida comprobé, para mi sonrojo, que estaba equivocado en lo primero y que me había quedado corto en lo segundo.

Este americano de nacimiento y europeo de adopción revolucionó la poesía del siglo XX en lengua inglesa al tiempo que se alineaba ideológicamente con el fascismo mussoliniano. ¿Contradictorio? ¿Incoherente? No más que quienes revolucionaban otras artes a la vez que exaltaban otro totalitarismo.


Ezra Pound, tópicamente considerado un poeta oscuro y difícil, poseía una virtud excepcional para reconocer el talento, y sus consejos, sus críticas y sus favores literarios se siguen considerando tan decisivos como su propia obra.

El poema seleccionado es anterior a los Cantos, la magna composición a la que dedicó su madurez. En Mandato, publicado en su etapa londinense, Pound profundiza en la ruptura con las formas poéticas heredadas del XIX mediante un lenguaje sencillo, claro y aparentemente poco elaborado, donde se reconocen las influencias de la lírica clásica (griega y también provenzal).

Mandato

Vayan, mis canciones, a los solitarios e insatisfechos.

Vayan también a los angustiados, a los complacientes,

que muestren mi desprecio por sus opresores.

Vayan como grandes olas de agua fría,

que muestren mi desprecio por sus opresores.

Que hablen en contra de la opresión inconsciente,

que hablen en contra de la tiranía de los que no poseen imaginación.

Que hablen en contra de las ataduras.

Vayan a la burguesa que se pudre de hastío,

vayan a la mujer de los suburbios.

Vayan a los infelizmente casados,

vayan a todos aquellos que encubren su fracaso,

vayan a las parejas malogradas,

vayan a la esposa que se vende,

vayan a la mujer impuesta.

Vayan a quienes padecen de lujuria,

vayan a todos aquellos insatisfechos en sus delicados deseos,

vayan como una plaga sobre la somnolencia del mundo;

que empuñen el filo contra todo esto,

que fortalezcan las sutiles cuerdas,

que lleven confianza hasta las algas y tentáculos del alma.

Que vayan amistosamente,

con palabras sinceras.

Que anhelen encontrar nuevos males y un nuevo bien,

que estén en contra de todas las formas de opresión.

Vayan a aquellos cuya madurez los ha apagado,

a los que han perdido el interés.

Que vayan al adolescente ahogado por la familia-

¡Ah, qué terrible es

ver reunidas a tres generaciones bajo un mismo techo!

Es como un árbol viejo con brotes

y ramas que pútridas caen.

Que salgan y desafíen convenciones,

rebelándose contra la vegetal esclavitud de la sangre.

Que vayan en contra de todas las formas de amortización.

Por Nacho Segurado

Traducción del poema Antonio Rivero Taravillo

Fuente
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