
Ahmadinejad durante una intervención en el parlamento iraní
La amenaza del fuerte casi siempre culmina en la agresión y con la derrota del débil, pero, cuando a éste le asiste la razón, dignidad y voluntad de lucha en defensa de sus derechos, la suerte suele cambiar y se convierte en vencedor, como lo demuestra el final de tantas guerras en las que el poderoso fue derrotado por pueblos débiles pero heroicos como los de Corea, Cuba, Vietnam, Irak y Afganistán.
Esas lecciones de la historia, a pesar de haberle sido leídas tantas veces y sufridas en carne propia, parecen que no han sido aprendidas por EE UU, ya que, soberbio y prepotente, insiste en seguir agrediendo pueblos basado en la fuerza que posee como el imperio más poderoso que jamás haya existido en el mundo, por lo que hoy ha decidido agredir y destruir a la revolución de Irán, un proceso que jamás ha atacado a nadie, y que sólo ha sido víctima de agresiones.
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