
Referencia antiimperialista
Un hombre vestido de blanco, con sonrisa amplia, cuerpo de mediana estatura, pero musculoso, llegado a la fama, a la prensa y al corazón de su pueblo, por su rotundo “NO”, a la política de Francia. Ese hombre se llama Ahmed Sekou Touré. Se han escrito muchas páginas por admiradores y detractores de este paladín de la independencia de Guinea, la primera colonia francesa en romper las cadenas de la opresión, pero todos tienen que reconocer que fue una persona valerosa y que surgió, en medio de una espiral de pobreza y amor al suelo que lo viera nacer. Todos pueden coincidir en que su coraje fue a toda prueba y que vivió su época, rociando a todos con su orgullo.
Algunos le decían Sily, es decir elefante. Hijo de padres malenkés y proclamábase descendiente del gran Almamy Samory Touré. Surgido, como dirigente, de las filas sindicales, de profesión contador; pero era un autodidacta de una voluntad de acero. No hay dudas de que leía mucho y el brillo de sus ojos, despedían los fulgores de una inteligencia fuera de lo común. Tenacidad refulgente, soñaba con un mañana radiante para su país y no paraba mientes en tratar de lograrlo, en medio de un ambiente internacional complejo, donde dos y dos son cuatro. Era la época de la confrontación este-oeste, de las independencias de los pueblos africanos, del deseo de desarrollarse y también de los acomodos o búsquedas de nuevas fuentes de materias primas por parte de los países desarrollados. Siempre el hombre y sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset.
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